Las escuchas telefónicas de la Operación Imperio Ámsterdam han puesto de manifiesto la relación conflictiva entre Jaime Villarroel, conocido como ‘Jimbo’, y Andrés Astorga, el ‘Rey del Weed’. Inicialmente, Villarroel era visto como un proveedor esencial de cannabis para la red de tráfico VIP, pero su situación cambió drásticamente tras múltiples problemas legales.
Las interceptaciones realizadas por el OS-7 de Carabineros revelan que Astorga buscaba integrar a Villarroel a una red de agricultores para asegurar el suministro de marihuana a sus locales del Dispensario Nacional. Sin embargo, la primera detención de ‘Jimbo’ en enero de 2025, donde se le encontraron 210 plantas de cannabis y 19 kilos de marihuana, marcó el inicio de una serie de complicaciones.
Problemas legales y decepción
Tras su detención, Astorga mostró preocupación por la situación de ‘Jimbo’, expresando en una llamada interceptada que se sentía “con depresión” por la pérdida de su proveedor. A pesar de que el abogado Hernán Bocaz logró que Villarroel saliera de prisión preventiva, su regreso a la actividad agrícola no fue exitoso.
En enero de 2026, Villarroel fue detenido nuevamente, esta vez con 900 plantas de cannabis y 7 kilos de marihuana en su poder. Esta incautación fue significativamente mayor que la anterior, lo que llevó a Astorga a reevaluar su relación con ‘Jimbo’.
Un cambio radical en la relación
En una conversación del 22 de abril de 2026, Astorga expresó su decepción hacia Villarroel, describiéndolo como el miembro de la organización que más problemas le había causado. Mencionó haber gastado $27 millones en recursos para enfrentar las dificultades generadas por ‘Jimbo’. La frase “Estaba descontrolado” fue utilizada por Astorga para referirse a su proveedor, lo que marcó un punto de quiebre en su relación.
Cuatro meses después de esta conversación, Astorga fue detenido en el marco de la misma operación, enfrentando cargos por tráfico de drogas, lavado de activos y asociación criminal. La situación de ambos personajes ilustra cómo las complicaciones legales pueden alterar drásticamente las dinámicas dentro de redes de tráfico de drogas.

