La decisión de la expresidenta Michelle Bachelet de retirar su candidatura a la Secretaría General de las Naciones Unidas ha desatado un intenso debate en el ámbito político chileno. El excanciller José Miguel Insulza ha manifestado su desacuerdo con las justificaciones del Gobierno, sugiriendo que la falta de apoyo a Bachelet se debe a presiones internas de sectores del oficialismo.
Críticas a las explicaciones del Gobierno
En una entrevista con el programa «Me enteré por la prensa» de T13 en Vivo, Insulza expresó su escepticismo respecto a las razones ofrecidas por el Gobierno para la retirada del respaldo a la candidatura de Bachelet. Según él, las afirmaciones de que no había suficiente información sobre la postulación son contradictorias, dado que la candidatura fue inicialmente presentada de manera transversal.
Insulza recordó una fotografía en la que aparecen el presidente Gabriel Boric, el presidente del Senado Manuel José Ossandón y el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Iván Moreira, quienes apoyaron la candidatura de Bachelet. «Es raro porque parece que no sabían lo que estaban haciendo», comentó, cuestionando la falta de información que ahora se menciona.
Operación interna y presiones externas
El excanciller también sugirió que la decisión de retirar el apoyo a Bachelet fue una «operación interna» impulsada por fuerzas políticas de oposición. Insulza afirmó que hay un cambio en el clima político en Chile y que esto influyó en la decisión del Gobierno de no respaldar a la exmandataria.
Además, puso en duda los rumores sobre una supuesta amenaza de veto desde Estados Unidos si el presidente José Antonio Kast apoyaba a Bachelet. Insulza demandó claridad sobre si realmente hubo presiones de Estados Unidos, señalando que hasta el momento no ha habido declaraciones oficiales al respecto.
Consecuencias para Chile
Insulza también desestimó la explicación del Gobierno sobre la supuesta «dispersión de candidaturas» en la región como motivo para no apoyar a Bachelet. En su opinión, esta fue una oportunidad única para Chile, que podría tardar décadas en volver a tener una candidatura en el organismo mundial. «Es una oportunidad perdida, y no solamente perdida, única», concluyó.

