La Moneda anunció la destitución de Luis Silva como subsecretario de Justicia tras la publicación de un video en el que se desmarcaba de la controversia relacionada con la rebaja de penas a violadores y abusadores de niños. En el video, Silva apuntó al ministro de Justicia, Fernando Rabat, como el responsable de la entrega de este beneficio a pederastas, lo que generó un fuerte rechazo en el Gobierno.
En el registro audiovisual, Silva explicó que el ministro de Justicia había ajustado el criterio jurídico para resolver las rebajas de condena y justificó su firma en los documentos correspondientes al indicar que, al subrogar al ministro, debía aplicar el criterio fijado por Rabat. Silva mencionó: “A quien le corresponde firmar es al ministro de Justicia, pero cuando el ministro no está, lo subroga el subsecretario”. Sin embargo, esta declaración no fue consultada ni visada por el Ministerio de Justicia ni por el Segundo Piso del Gobierno.
Reacciones y justificaciones
El ex subsecretario defendió su decisión de publicar el video, argumentando que su intención era informar a la ciudadanía sobre un tema que genera gran desconocimiento. Silva afirmó que no consideró necesario consultar con Rabat antes de hacer público el video, ya que su objetivo era únicamente informar.
La controversia surgió en medio de un debate intenso sobre la rebaja de penas a violadores de niños, lo que llevó al Ejecutivo a tomar la decisión de remover a Silva de su cargo. Según reportes de medios, esta acción fue considerada necesaria para mantener la cohesión y la imagen del Gobierno frente a la opinión pública.
Contexto de la polémica
La polémica sobre la rebaja de penas a violadores de niños ha captado la atención de la sociedad chilena, generando un amplio debate sobre la justicia y la protección de los menores. La situación ha puesto en el centro de la discusión la responsabilidad de los funcionarios públicos en la toma de decisiones que afectan la seguridad de los niños en el país.
La salida de Luis Silva marca un episodio significativo en el Ministerio de Justicia, donde la confianza y la comunicación entre los altos funcionarios son esenciales para abordar temas sensibles y controversiales. La nueva autoridad que asuma el cargo deberá enfrentar este desafío y trabajar en la reconstrucción de la confianza pública en las instituciones.

