En medio de un escenario complejo para el sistema de salud chileno, el reciente recorte de $413 mil millones al presupuesto del Ministerio de Salud ha generado preocupación entre los expertos y autoridades del sector. Con más de 2,4 millones de personas en listas de espera, surge la pregunta inevitable: ¿cómo se mantendrá la red de atención con menos recursos?
Gabriela Garnham, gerente general de la Asociación de Dispositivos Médicos de Chile, alza la voz ante esta situación y propone un cambio de paradigma en el gasto sanitario, abogando por un enfoque que priorice la calidad de la inversión. Según datos de la OCDE, Chile destina un 10,5% de su PIB a salud, superando la media de 9,3%, pero los resultados no reflejan esta inversión, ya que se obtiene menos por cada peso gastado.
Enfoque en el gasto inteligente
Garnham destaca que el término “gasto inteligente” planteado por el BID es esencial para comprender el camino a seguir: "Es hora de dejar de comprar lo de siempre y empezar a invertir en lo que realmente funciona". Esta propuesta incluye la importancia de la prevención, donde el tratamiento oportuno del cáncer, por ejemplo, puede costar entre 2 y 4 veces menos que el tratamiento en etapas avanzadas. Con tecnologías adecuadas, se busca fomentar diagnósticos tempranos, tratamientos ambulatorios y un adecuado monitoreo que minimice la necesidad de hospitalización.
Esta propuesta es particularmente relevante en un contexto donde el sistema de salud sigue enfrentando desafíos constantes, incluyendo altos niveles de hospitalizaciones y la presión por un aumento en el presupuesto para el 2025. La incertidumbre presupuestaria podría ser vista como una oportunidad para implementar cambios significativos en la forma de ejecutar el gasto en salud.
Hacia una nueva lógica de inversión
El recorte presupuestario no solo debe ser interpretado como una señal de alerta, sino como una oportunidad para replantear la lógica de inversión en salud. Cambiar la perspectiva de optar por el precio más bajo a buscar el mayor valor a través del ciclo completo de atención puede generar un impacto positivo en la calidad de los servicios ofertados. Este cambio podría permitir al sistema de salud funcionar de manera más eficaz, a pesar de las limitaciones financieras.
De este modo, la conversación sobre el gasto en salud se vuelve vital no solo en el plano del financiamiento, sino también en la optimización de recursos existentes. Las decisiones tomadas en esta nueva administración serán cruciales para enfrentar no solo los desafíos actuales, sino también para sentar las bases de un sistema de salud más resilient y efectivo a largo plazo.
El llamado a la acción es claro: es momento de invertir mejor, enfocándose en resultados y en la calidad de atención, en lugar de resignarse a los recortes sin cuestionar su impacto y efectividad en el sistema. En tiempos de desafíos financieros, hallar el equilibrio entre ahorro y efectividad en la atención médica será clave para el bienestar de millones de chilenos.
