Una joven de 16 años, oriunda de Venezuela, fue crucial para que dos líderes de un brazo del Tren de Aragua en Chile recibieran condenas por explotación sexual y secuestro. La adolescente llegó al país con la esperanza de trabajar como peluquera, pero se encontró atrapada en una red de trata con fines de explotación sexual.

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La menor llegó a Iquique bajo la falsa promesa de un trabajo y, al darse cuenta de la realidad, fue sometida a explotación sexual y a una deuda millonaria por los costos de su traslado. Su captor principal, conocido como «Burrito», estaba acompañado por otros dos individuos, «Satanás» y «Estrella».

Escape y persecución

Después de ser trasladada a Antofagasta, la joven decidió escapar cuando la policía detuvo a sus captores. Logró regresar a Santiago, donde buscó refugio. Sin embargo, fue rápidamente localizada por el Tren de Aragua, que la interceptó en la calle y la secuestró nuevamente.

Durante este segundo secuestro, la menor fue baleada en los pies, un acto que, según las autoridades, se realiza para que la víctima no sea dañada de manera que pueda seguir siendo explotada sexualmente. A pesar de sus heridas, logró llegar a la Posta Central, donde se comunicó con una amiga y comenzó a relatar su experiencia.

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Consecuencias legales

La valentía de la joven permitió que se iniciara una investigación que culminó con la condena de dos miembros del Tren de Aragua. Yondri Martínez, considerado el ejecutor de los ataques, fue sentenciado a 10 años de cárcel, mientras que Luis Peraza Mijares, alias «Burrito», recibió una pena de 30 años por explotación sexual, asociación criminal y secuestro.

El caso destaca la dificultad que enfrentan muchas víctimas de trata para denunciar a sus captores, debido al miedo a represalias. Durante la investigación, varios testigos no se atrevieron a hablar, aunque finalmente una de ellas entregó información sobre la situación del Tren de Aragua en el país.