El presidente de Evópoli y senador, Luciano Cruz-Coke, expresó su desacuerdo con la reforma constitucional de seguridad propuesta por el Ejecutivo, calificándola como un error y señalando que no es necesaria para avanzar en la agenda de seguridad del país. Durante una entrevista, Cruz-Coke destacó que el rechazo generalizado a la reforma indica que no hay espacio para proyectos de esta naturaleza.

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Críticas a la reforma constitucional

Cruz-Coke argumentó que el Gobierno no midió adecuadamente el impacto de la agenda de seguridad por sí sola y cómo esta influye en la opinión pública. Además, mencionó que la reforma genera preocupaciones sobre el estado de excepción constitucional y las facultades extraordinarias que se le otorgarían al presidente de la República.

“Me preocupa mucho el estado de excepción constitucional, los 240 días. Me preocupan las facultades extraordinarias, que son solo propias incluso del estado de asamblea, que es un estado de guerra externo”, afirmó el senador. También expresó su inquietud por la posible conculcación de derechos que podría resultar de la reforma.

Falta de comunicación en el Gobierno

El líder de Evópoli sugirió que hubo una falta de comunicación entre el equipo político y el equipo de comunicación del Gobierno, lo que llevó a un enredo en torno a la reforma. Según Cruz-Coke, el Gobierno se centró en la idea de que la reforma aumentaría su popularidad, sin considerar las implicaciones que tendría.

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“Creo que la agenda de seguridad se puede llevar adelante sin reforma constitucional”, enfatizó, reiterando que los votos de su colectividad no estarán disponibles para cualquier iniciativa que no cuente con el respaldo necesario.

El futuro de la agenda de seguridad

Cruz-Coke concluyó que la reforma “raya en lo iliberal” y que el rechazo transversal que ha tenido es un claro indicativo de que no es el camino adecuado para avanzar en la seguridad pública. A pesar de reconocer la importancia de priorizar la seguridad en la agenda gubernamental, subrayó que la comunicación de la reforma como una solución única al problema genera expectativas difíciles de cumplir.