Cables submarinos: la física que los mantiene en el fondo del océano

Los cables submarinos de fibra óptica no se anclan al lecho marino; su peso y la calma abisal evitan que se muevan. Un sistema crítico para internet.

Cables submarinos: la física que los mantiene en el fondo del océano
Imagen: Xataka Móvil

El internet que utilizamos cotidianamente, desde las transacciones financieras hasta nuestras conversaciones en WhatsApp, depende en gran medida de una red de cables submarinos de fibra óptica. Esta infraestructura, que incluye alrededor de 600 cables que cruzan los océanos, no necesita ser anclada al fondo marino en las profundidades. Durante un episodio reciente del podcast "No es el fin del mundo", se exploró cómo se mantienen estos cables. La respuesta es sorprendentemente sencilla: simplemente caen al fondo por su propio peso.

La física del lecho marino Los expertos afirman que al alcanzar profundidades de más de 2.000 metros, los cables se asientan en el lecho marino sin ningún tipo de anclaje. Dos factores fundamentales contribuyen a esta estabilidad: 1. El peso del material: Un cable de telecomunicaciones no es un simple hilo; su diseño incluye un núcleo acorazado y varias capas de protección, lo que hace que sea denso y pesado. Esto le permite hundirse en el fango o la arena del océano. 2. La calma abisal: En las profundidades marítimas, las corrientes son casi inexistentes, lo que reduce al mínimo el riesgo de movimientos indeseados.

En áreas costeras o en aguas poco profundas, sin embargo, la situación es diferente. Aquí, los cables se enfrentan a peligros como anclas de barcos y redes de pesca, por lo que en estas zonas sí se requiere un sistema de fijación.

Un contexto geopolítico La instalación de cables submarinos es más que solo una cuestión técnica; representa un tablero de ajedrez geopolítico donde las grandes corporaciones compiten por la dominación. Desde un punto de vista histórico, la mayoría de estos cables pertenecían a operadoras de telecomunicaciones, pero hoy en día, gigantes tecnológicos como Google y Microsoft financian más de la mitad de los nuevos proyectos.

Estados Unidos se mantiene a la cabeza en este campo, con la mayoría de los cables emergiendo de su territorio. Sin embargo, China está construyendo miles de kilómetros de cables en un esfuerzo por extender su influencia a través de lo que se conoce como la "ruta de la seda digital".

Con el papel central de España como punto de conexión en Europa, se observa un interés creciente en la seguridad de estas infraestructuras, especialmente tras incidentes en el Mar Báltico que han evidenciado el riesgo de sabotajes encubiertos. Estos eventos han llevado a la Unión Europea y diversos gobiernos a clasificar estas redes como "infraestructura marítima crítica", reforzando su protección ante potenciales amenazas.

El mundo submarino que sostiene nuestra conectividad sigue siendo un ámbito fascinante, donde la ingeniería, la política y la economía convergen para asegurar que estos cables permanezcan, sin anclajes y en la oscuridad de los océanos.

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