La actual crisis del petróleo agudiza la necesidad de Chile por diversificar su matriz energética. La guerra en Irán, que ha interrumpido el paso de una parte significativa del crudo mundial, está generando un impacto notable en el costo de los combustibles y, por ende, en el costo de vida en varias economías, incluida la chilena.
La advertencia de la AIE El director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha enfatizado que esta crisis energética es más grave que las de las décadas de 1970 y la reciente derivada de la guerra en Ucrania. En este contexto, el precio de los combustibles ha alcanzado niveles históricos, lo que afecta a los sectores productivos y a los hogares en el país. A pesar de este incremento de costos, Chile ha mantenido una desaceleración económica relativamente más benigna comparada con otras crisis venideras.
Contexto global Expertos internacionales, como analistas de JP Morgan y Goldman Sachs, están comenzando a cuestionar si el mundo realmente necesita tanta dependencia del petróleo como se pensaba. Países como China y varias naciones europeas han adoptado estrategias para amortiguar el impacto de esta crisis, acelerando su transición hacia energías renovables y vehículos eléctricos. En Europa, las energías renovables, como la eólica y la solar, ya aportan más del 30% en la generación de electricidad, una cifra que contrasta con el rol que juega el petróleo en la matriz energética chilena, donde el 43% de la demanda total proviene de derivados del petróleo.
Chile: Potencial y desafíos Consultados por El Dinamo, expertos en economía y transición energética plasman un diagnóstico preocupante sobre el estado de Chile. Claudio Huepe, exministro de Energía, subraya que el país carece de reservas de petróleo de emergencia que podrían ofrecer una red de seguridad ante fluctuaciones drásticas en los precios. "Solo contamos con stocks comerciales que son insuficientes en caso de emergencia”, advierte Huepe.
Mientras tanto, Rodrigo Arriagada, especialista de Clapes UC, destaca que, a pesar de las dificultades para diversificar su matriz, la crisis petrolera podría representar una oportunidad única. "Chile se encuentra en una posición intermedia: no experimentamos los mismos incentivos urgentes que Europa, aunque la dependencia del petróleo nos deja vulnerables ante shocks externos”.
La presencia creciente de autobuses eléctricos en el país es un signo positivo, pero aún queda un largo camino por recorrer. Con más de 4,000 buses eléctricos en circulación en Santiago, representan el 62% de la flota operativa, aunque el gran desafío radica en la mayoría de los vehículos de combustión aún presentes, que superan los 6,5 millones.
Oportunidades ante la adversidad A pesar de ser considerado un país privilegiado en Latinoamérica, Chile enfrenta obstáculos significativos que frenan su transición energética. Arriagada menciona la falta de subsidios públicos que fomenten la compra de vehículos eléctricos como un punto crítico. Mientras que en Europa se implementan exenciones e incentivos, en Chile, la alta inversión inicial para la adquisición de un vehículo eléctrico es un freno para el consumidor común.
Sin embargo, la tendencia es esperanzadora. En 2010, el 80% de la demanda energética de Chile provenía de combustibles fósiles; se espera que para 2024 esa cifra descienda al 64%. Este cambio gradual indica un posible punto de inflexión hacia una matriz más limpia y diversificada. Si la crisis energética persiste, esto podría acelerar la electrificación de sectores clave, comenzando por el transporte, que depende del petróleo en un alto porcentaje.
Conclusiones Aunque Chile aún no está completamente preparado para enfrentar las crisis energéticas como otros países, tiene la oportunidad de aprender de estas situaciones excepcionales. La crisis del petróleo plantea desafíos, pero también abre puertas para transformar el modelo energético actual en uno más sostenible y diversificado. La incorporación de tecnologías limpias, vehículos eléctricos y el impulso hacia energías renovables podrían marcar un antes y un después en la política energética del país.
La decisión del país hacia un futuro energético diverso depende no solo de acciones gubernamentales, sino también de la capacidad de la sociedad para adaptarse a los nuevos paradigmas y a una cultura de sostenibilidad y eficiencia energética que está tomando fuerza en todo el mundo.
